La exogestación se refiere a los 9 meses posteriores al nacimiento del bebé cuando continúa su desarrollo fuera del útero, pero necesitando unos cuidados intensivos similares a los que recibía en el vientre materno. Y, al acabar este periodo, muchos bebés sufren lo que se llama ansiedad por la separación. Descubre qué implican ambos términos y qué hacer en cada periodo para favorecer el desarrollo del peque.
¿Qué es la exogestación y qué implica?
El concepto de exogestación surge principalmente en el campo de la neurobiología y la psicología del desarrollo infantil. Se basa en la idea de que los bebés humanos nacen en un estado relativamente inmaduro en comparación con otras especies, y necesitan varios meses fuera del útero para completar su desarrollo neurológico y emocional.
La exogestación es el período inmediatamente posterior al parto, en el que la madre y el recién nacido establecen una profunda simbiosis mediante el contacto mutuo. Esta fase es de vital importancia y se caracteriza por la intensa conexión instintiva entre la madre y su hijo o hija. De hecho, tras nueve meses en el útero materno, al momento del nacimiento, el recién nacido aún no ha alcanzado la madurez completa y, en los meses posteriores, repite comportamientos y sensaciones ya adquiridos durante la vida prenatal.
- Duración aproximada: generalmente se considera que abarca los primeros nueve meses de vida del bebé, lo que reflejaría una «gestación externa» paralela a los nueve meses de gestación intrauterina. De ahí el nombre de exogestación (gestación externa).
- Desarrollo cerebral: Durante este período el cerebro del bebé experimenta un crecimiento y una plasticidad extremos, consolidando funciones como la percepción, el apego, el lenguaje y la motricidad.
- Necesidades de cuidado: El bebé requiere contacto físico constante, lactancia frecuente, protección y un entorno emocionalmente seguro.
- Base del apego seguro: Según teorías como la del apego de Bowlby, las experiencias en esta etapa son fundamentales para el desarrollo emocional futuro y para crear un vínculo de apego seguro entre los progenitores y el bebé.
Por eso, en estos 9 meses es fundamental fortalecer el contacto piel con piel, el porteo, la lactancia materna y la respuesta sensible a las necesidades del bebé (atenderle en cuanto sea posible si llora, necesita algo, demanda atención…).
Fases de la exogestación
1- Adaptación (0-3 meses): los cambios en el posparto, tanto físicos como psicológicos, de la madre influyen en las actividades diarias y la dinámica social, pero también en la necesidad del recién nacido de adaptarse a la vida extrauterina. En estas semanas, ambos deben adaptarse a un nuevo equilibrio. Hay muchos cambios en el posparto: el inicio de la lactancia materna, nuevos ritmos de sueño y el cuidado del recién nacido; y también surgen muchos miedos y preocupaciones por si se sabrá cuidar bien al bebé.
2- Equilibrio (4-6 meses): la madre y su bebé aprenden a conocerse y logran encontrar un equilibrio, una simbiosis. La lactancia materna se ha establecido correctamente; las señales de hambre y sueño son bien conocidas; la madre regresa casi por completo a sus ritmos previos al parto, y a menudo también a su físico, que reconoce de nuevo. Al igual que en el segundo trimestre del embarazo, la mujer ahora experimenta confianza y una relación cada vez más intensa con su bebé.
3- Desprendimiento (7-9 meses): la vuelta al trabajo, la incorporación de nuevos alimentos y el gateo permiten a la madre dedicar más tiempo a sí misma gracias a la mayor autonomía que adquiere el niño o la niña. Al igual que en el embarazo, la sensación de desapego aumentaba a medida que se acercaba la fecha prevista del parto, cuando la madre reconocía al niño que llevaba en su vientre como un individuo que pronto conocería. Así, en esta última fase de la exogestación, el niño a partir de los 8 meses podría presentar trastornos del sueño relacionados con la ansiedad por separación, que, de hecho, caracteriza este período y, por lo tanto, influye en el ritmo materno.
Por lo tanto, la exogestación termina alrededor del noveno mes después del nacimiento, cuando el recién nacido ha adquirido habilidades que le permiten alejarse de su figura principal de apego, lo que muchas veces lleva a la ansiedad por la separación.
¿Qué es la ansiedad por la separación y cómo lidiar con ella?
La ansiedad por la separación es una respuesta emocional normal que aparece cuando un niño pequeño se separa de sus figuras de apego, generalmente los padres o cuidadores principales. Aunque es más común en la infancia, también puede presentarse en otras etapas del desarrollo e incluso en la vida adulta.
Es una forma de ansiedad evolutiva que se manifiesta cuando el niño teme o rechaza la separación de quien le brinda seguridad. Esta respuesta tiene una base evolutiva: en tiempos ancestrales, estar lejos del cuidador aumentaba el riesgo de peligro o muerte, por lo que estar cerca aseguraba protección. Por lo tanto, se considera normal cuando aparece entre los 7 y los 9 meses de edad.
El pico mayor se da entre los 10 y 18 meses, cuando el bebé comprende que sus cuidadores existen, aunque no estén presentes (concepto de permanencia del objeto). Se da cuenta de que es una persona diferente de ellos y de que, por lo tanto, pueden alejarse de él, lo que le causa ansiedad.
En la mayoría de los casos, a partir de los 2 años va desapareciendo esta ansiedad y el niño empieza a tolerar mejor las separaciones cortas si el vínculo de apego es seguro.
Los síntomas comunes de la ansiedad por la separación son:
- Llanto intenso al separarse del cuidador.
- Negativa a quedarse solo o con otras personas.
- Miedo excesivo a que algo le ocurra a los padres.
- Pesadillas relacionadas con la separación.
Este trastorno también puede surgir en otros momentos de la infancia como al empezar la escuela infantil o el colegio, mudarse, nacer un nuevo hermanito…
¿Cómo manejarla?
Aunque es algo normal, es conveniente que sepas cómo actuar para que no derive en un problema mayor y se vaya pasando solo a medida que el bebé crece y madura:
- Establece rutinas predecibles, ayudan a que el niño anticipe la separación y se sienta más seguro.
- Anticipa y normaliza la separación. Aunque el bebé aún no hable, debes explicarle que te tienes que ir, pero volverás. Usa frases consistentes como: “Mamá/papá siempre vuelve”.
- Nunca te vayas sin despedirte, eso crea más ansiedad y preocupación. Es mejor despedirse de forma breve y sin crear un drama ni llorar.
- Practica separaciones cortas para que el bebé aprenda que las despedidas no son permanentes. Por ejemplo, déjalo con un cuidador de confianza por pocos minutos y ve aumentando el tiempo.
- Valida siempre sus emociones, no las ignores ni les quites importancia. Es importante escuchar y acompañar sin minimizar (“sé que te sientes triste cuando me voy”).
- Desarrolla una rutina de despedida. Tener una rutina consistente de despedida ayuda a crear seguridad. Puede incluir un beso, una canción, una frase especial o un objeto de transición como un peluche.
- Fomenta el apego seguro. Responde de forma rápida y sensible a sus necesidades emocionales. El contacto físico frecuente (cargarlo, abrazarlo, porteo) refuerza la confianza básica.
- Mantén la calma ante las separaciones. Tu estado emocional influye en el del bebé. Si estás ansioso o culpable, él lo percibirá. Mantente tranquilo, sonríe y transmite seguridad incluso si el bebé llora.
- Usa objetos de apego. Algunos bebés se sienten más seguros con un objeto de transición: una manta, un peluche, una prenda con el olor del cuidador.
- No castigues ni minimices su reacción. Evita frases como “No seas bebé” o “No es para tanto”.
¿Cuándo preocuparse?
Si los síntomas:
- Persiste más allá de los 6 años.
- Interfieren con la vida diaria (escuela, sueño, relaciones).
- Son desproporcionados respecto a la situación real.
En estos casos, puede tratarse de un trastorno de ansiedad por separación (TAS), que puede requerir apoyo psicológico o terapia cognitivo-conductual. Pero tranquilo, no es lo habitual.
Fuentes:
American Psychiatric Association. (2013). Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders (DSM-5).
Zeanah, C. H. (2009). Handbook of Infant Mental Health. Guilford Press.
Hofer, M. A. (1994). Hidden regulators in attachment, separation, and loss. In J. Cassidy & P. R. Shaver (Eds.), Handbook of attachment.
Trevarthen, C. (2001). Intrinsic motivations for companionship in understanding: Their origin, development, and significance for infant mental health. Infant Mental Health Journal.


